Introducción de texturas y alimentos semisólidos

La alimentación complementaria en el niño debe comenzar entre los 4 y 6 meses meses de edad, siempre bajo recomendación del profesional de la salud, y debe ser de forma paulatina, manteniendo la lactancia materna a demanda todo el tiempo que la madre e hijo deseen [1] [2].

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que los lactantes empiecen a recibir alimentos complementarios a partir de los 6 meses, comenzando con unas 2-3 veces al día entre los 6 y 8 meses, y luego aumentar a 3-4 veces al día a partir de los 9 meses, pudiéndole añadir aperitivos nutritivos 1-2 veces al día si los padres lo desean [3].


¿Cómo ofrecer la alimentación complementaria?

Cuando se comienza a dar una alimentación complementaria, se debe ir cambiando gradualmente la consistencia de los alimentos: aumentándola a medida que el niño crezca, pasando de líquido a puré, y luego de puré a picado, y cortado en cubitos [1] [2]. En la alimentación complementaria, los alimentos deben tener una consistencia, textura y variedad adecuados, y deben darse en las cantidades y con la frecuencia apropiada, para cubrir las necesidades nutricionales del niño [3].

La introducción de alimentos de texturas semisólidas y grumosas deben realizarse lo antes posible, desde el comienzo de la alimentación complementaria, sin extenderse más de los 8-9 meses de edad,ya que se ha visto que la introducción de alimentos de texturas grumosas tardía (más de los 9 meses) podría llevar a problemas de alimentación a largo plazo junto con un consumo escaso de frutas y verduras en niños [1].

Se recomienda que los alimentos se introduzcan a la dieta de forma individual, un nuevo alimento cada vez, con un intervalo de dos a cuatro días para observar su aceptación y tolerancia, preferiblemente cocinados con tecnologías culinarias simples como hervido o al vapor, y en su estado más natural posible, sin sal, edulcorantes, potenciadores del sabor, ni conservandores [2]. Es muy importante que los alimentos se preparen y administren en condiciones seguras, reduciendo al mínimo el posible riesgo de contaminación por microorganismos patógenos [3].

Cuando cumplen un año, el bebe ya puede comer el mismo tipo de alimentos que el resto de la familia, teniendo especial cuidado con los alimentos sólidos y el riesgo de atragantamiento o asfixia, como por ejemplo los frutos secos, granos enteros sin cocinar y golosinas [1] [2].

Recientemente han surgido nuevas formas de ofrecer la alimentación complementaria en las que se ofrecen los alimentos al bebé sin triturar y donde el bebé es el que dirige el proceso desde el principio, cogiendo la comida que se le coloca a su alcance por sí mismo, decidiendo por si solo qué comer y cuánta cantidad [1] [2]. Es lo que se denomina Alimentación autoguiada o Baby Led Weaning.

Asimismo, en niños prematuros se debería evaluar caso por caso la eficacia de este método y no se recomienda en niños con fallo de medro, dificultades neurológicas o motoras [1] [4].

Pero hay que tener cuidado con este tipo de alimentación ya que, si los padres no reciben la información necesaria, podría presentar riesgos como [1] [2]:

  • Comida insana o poco variada: se debe hacer hincapié en la importancia de una dieta variada, combinando los diferentes grupos de alimentos (carne, cereales, verduras, frutas y legumbres), en combinación con el aporte lácteo, bien sea por medio de la leche materna y/o fórmula infantil.
  • Dificultad para calcular la ingesta adecuada y el aporte de nutrientes.
  • Ingesta insuficiente de hierro, lo que está relacionado con el predominio de vegetales en esta forma de alimentación.
  • Ingesta insuficiente de energía.
  • Alto consumo de sal.
  • Atragantamientos y riesgo de asfixia.

La alimentación complementaria nunca debe sustituir la lactancia materna al principio de su introducción, debiendo consultar previamente con un profesional de la salud cuándo es el mejor momento para hacerlo [1]. El momento y la forma en que ofrecemos los alimentos debe hacerse siempre de forma individualizada para cada bebé.

La industria de alimentación infantil invierte en equipos de I+D, que junto con pediatras y especialistas en nutrición infantil trabajan para desarrollar productos que se adapten a las necesidades del bebé, tanto a nivel nutricional, como para obtener las texturas adecuadas.


AVISO IMPORTANTE: La lactancia materna es el mejor alimento para el bebé. Te recomendamos que consultes con un profesional de la salud sobe el cuidado y la alimentación de tu hijo.



[1] Asociación Española de Pediatría (AEP). Recomendaciones de la Asociación Española de Pediatría sobre la Alimentación Complementaria. 9 de noviembre de 2018. Disponible en: https://www.aeped.es/sites/default/files/documentos/recomendaciones_aep_sobre_alimentacio_n_complementaria_nov2018_v3_final.pdf

[2] V. Martínez Suárez, J. Dalmau Serra. Alimentación complementaria. Pediatr Integral 2020; XXIV (2): 90 – 97. Disponible en: https://www.pediatriaintegral.es/publicacion-2020-03/alimentacion-complementaria/

[3] Organización Mundial de la Salud (OMS). Nutrición. Alimentación Complementaría. Disponible en:   https://www.who.int/nutrition/topics/complementary_feeding/es/

[4] Asociación Española de Pediatría (AEP). Alimentación complementaria dirigida por el bebé. Artículo publicado el 7-7-2014, revisado por última vez el 24-11-2017. Disponible en: https://enfamilia.aeped.es/vida-sana/alimentacion-complementaria-dirigida-por-bebe

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